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jueves, junio 30, 2022

Comienza en China el juicio contra el escritor australiano acusado de espionaje

Jaime SantirsoPekín
Actualizado:27/05/2021 14:52h
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Solo en los libros de suspense que escribía en la tranquilidad de su escritorio hubiera podido imaginar Yang Hengjun un giro como el que ha experimentado su vida. Después de más de dos años detenido y sin contacto con sus familiares, este jueves ha comenzado en Pekín el juicio contra el ciudadano australiano de origen chino, que enfrenta cadena perpetua acusado de espionaje. Su caso agrava las tensas relaciones bilaterales entre ambos países.

La Segunda Corte Popular Intermedia de la capital china ha amanecido esta mañana entre firmes medidas de seguridad. Los efectivos policiales allí desplazados han impedido el acceso a la sala a un grupo de diplomáticos australianos comandados por el embajador Graham Fletcher, aludiendo tanto la pandemia como la vinculación del caso con cuestiones de seguridad nacional.

«Esto es profundamente lamentable, inquietante e insatisfactorio», ha denunciado el embajador ante los micrófonos de los reporteros congregados en el lugar. «Desde hace mucho tiempo estamos preocupados por este caso, a raíz de su falta de transparencia, y por tanto hemos concluido que se trata de una detención arbitraria», ha añadido, en declaraciones similares a las vertidas la semana pasada por la ministra de Exteriores de su país, Marise Payne. Durante su rueda de prensa diaria, el portavoz de la Cancillería Zhao Lijian ha tachado sus palabras como «una intromisión en la soberanía judicial de China».

El embajador australiano en China, Graham Fletcher, hace declaraciones a los medios – EFE

Según Fletcher, Yang se encuentra «bien», aunque no ha revelado más detalles con respecto a su situación. El acusado, nacido hace 56 años en la provincia de Hubei y más tarde naturalizado australiano, ha desarrollado una polifacética carrera profesional. Tras trabajar en el ministerio de Exteriores chino –algo que el organismo niega– se convirtió en un popular bloguero gracias a textos en los que llamaba a la democratización del país. A partir de su experiencia personal «dentro del sistema» publicó también una trilogía de novelas de espionaje.

En 2011 fue detenido por primera vez, aunque acabó siendo liberado tiempo después. En enero de 2019, en cambio, no tuvo tanta suerte. La policía le capturó en el aeropuerto de Cantón mientras viajaba con su mujer e hijo y desde allí fue trasladado a un centro de detención. En una carta remitida a medios de comunicación australianos el pasado mes de marzo, Yang aseguraba que las acusaciones contra él suponen «una venganza contra mi escritura». «Enfrentaré el sufrimiento y la tortura con resiliencia (…). Por favor, explicad a la gente dentro de China lo que hice y la importancia de mis textos». En función de la sentencia, Yang deberá cumplir una pena de tres años de cárcel a cadena perpetua.

Malas relaciones diplomáticas

Este proceso judicial arranca cuando las relaciones entre ambos países atraviesan uno de sus peores momentos, después de que Australia reclamara una investigación independiente sobre los orígenes del coronavirus. China respondió imponiendo gravosas tasas a la importación de sus productos: en el caso del vino, por ejemplo, superiores al 200%.

El de Yang Hengjun no fue, además, el único arresto. La comunicadora chino-australiana Cheng Lei, empleada en la televisión estatal del gigante asiático, fue detenida en agosto del año pasado por cargos relacionados con la seguridad nacional. Los dos últimos corresponsales de medios australianos acreditados en China, asimismo, escaparon del país poco después por temor a su seguridad ante las amenazas de las autoridades. Una historia digna de una novela que todavía está por escribirse.

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