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domingo, junio 26, 2022

EE.UU. planta cara a China y renuncia a más concesiones

David AlandeteSEGUIRCorresponsal en Washington
Actualizado:28/05/2021 17:11h
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A tenor de cómo están las relaciones con China, nadie diría que hay un nuevo inquilino en la Casa Blanca. Es cierto que con menos exabruptos y un lenguaje más fino que su predecesor, pero Joe Biden ha mantenido
el clima previo de máxima tensión, agravado ahora por su decisión de ordenarle a las agencias de inteligencia de su país de que
le presenten un informe definitivo en los próximos tres meses sobre si el coronavirus surgió en China de una fuga accidental en un laboratorio de virología. Entre las pesquisas sobre el origen de la pandemia, la guerra comercial y el eterno problema de las relaciones con Taiwán, Washington y Pekín se reafirman en su papel de rivales geoestratégicos.

Horas después de la investigación ordenada por Biden, la negociadora en materia de comercio del Gobierno de EE.UU. habló por primera vez con su homólogo chino, algo que hizo vía telefónica. Es una señal de que Washington y Pekín pueden estar listos para reanudar las conversaciones comerciales, aunque las relaciones entre ambas capitales sigan extraordinariamente tensas. La representante comercial de EE.UU., Katherine Tai, tuvo una reunión con el viceprimer ministro chino Liu He para analizar la importancia de la relación comercial entre las dos naciones, según dijo ayer jueves la Casa Blanca. Sin embargo, esa llamada telefónica, la primera de este tipo desde que Biden llegó al poder, no supone una reanudación oficial de las conversaciones comerciales.

Las relaciones entre ambas potencias se complicaron bajo el mandato de Donald Trump, quien en 2018 inició
una guerra comercial y acusó al régimen comunista de prácticas comerciales desleales y robo de propiedad intelectual. Los aranceles del anterior presidente llegaron a cubrir a productos cuyo valor ascendía a más de 300.000 millones de dólares, una cantidad luego reducida cuando China hizo algunas concesiones, como la compra de material y productos agrícolas y ganaderos de EE.UU. También ha provocado una profunda molestia en Pekín la primera venta de armas estadounidenses a Taiwán, un punto frecuente de fricción. En una conferencia de prensa mantenida el jueves, el portavoz del ministerio de Defensa chino, Tan Kefei, dijo que los «asuntos relacionados con Taiwán son asuntos internos de China» y que China rechaza la venta de armas o cualquier forma de contacto militar con Taiwán por parte de cualquier país, según informa la agencia Afp. La isla de Taiwán, un país independiente, es un estrecho socio de EE.UU., pero China lo considera un territorio irredento.

En este contexto, la propia Casa Blanca se ha visto obligada a admitir lo que ya es patente en Washington. A diferencia de la última Administración demócrata, a China hoy ya no se le considera un posible socio. Así lo expresó ayer Kurt Campbell, coordinador de asuntos del Indo-Pacífico en el Consejo de Seguridad Nacional, órgano asesor de Biden en política exterior. «La era de intentar llegar a compromisos ha llegado a su fin», dijo Campbell en una conferencia en la universidad de Stanford. Admitió además que hay un nuevo marco de relaciones bilaterales, «el de la competencia».

Acusación de genocidio

Biden culpa de esta tensión, al igual que Trump, a China y al cabeza de su régimen, Xi Jinping, contra quien no ha escatimado críticas. Nada más llegó a la Casa Blanca, el actual presidente acusó a Xi de ser responsable de «genocidio» por los graves abusos contra los derechos humanos de las minorías religiosas en la provincia de Xinjiang. Después, Biden tomó la simbólica decisión de convocar al llamado Quad, como se llama comúnmente al Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, un foro estratégico informal con Japón, Australia e India que se mantiene mediante cumbres regulares y que supone el principal rival geoestratégico del régimen comunista en su zona.

El golpe más grave de Biden bien puede ser la investigación sobre los orígenes reales del coronavirus. La decisión del hoy presidente supone la confirmación de que la Casa Blanca no acepta la palabra del régimen comunista, que niega cualquier accidente. Varios funcionarios chinos, como el portavoz del ministerio de Exteriores, Zhao Lijian, salieron ayer a acusar a EE.UU. de politizar la pandemia y dijeron que los expertos internacionales habían «elogiado repetidamente la actitud abierta y transparente de China», algo que supone a todas luces una exageración, dado el celo del régimen en este asunto.

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