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viernes, julio 1, 2022

EE.UU. y Rusia tratan de calmar la relación antes de la cumbre Biden-Putin

Javier AnsorenaSEGUIRCorresponsal en Nueva York
Actualizado:21/05/2021 01:31h
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La relación entre EE.UU. y Rusia vive turbulencias fuertes desde la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, pero este jueves Washington y Moscú buscaron transmitir una sensación diferente. Los dos jefes de su diplomacia –el secretario de Estado, Antony Blinken, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov
mantuvieron su primer encuentro en persona y pusieron el énfasis en las diferencias entre ambos gobiernos pero, también, en la posibilidad de cooperar.

La reunión entre Blinken y Lavrov se produjo el miércoles por la noche en los márgenes de la cumbre del Consejo Ártico, el grupo de ocho países con territorio en el Círculo Ártico. Llegaban a la cita en el momento más bajo para la relación de ambos países en décadas, con una Administración Biden que ha prometido ser beligerante con el Gobierno de Vladímir Putin. Por primera vez en varias presidencias, Biden se negó a ‘empezar de cero’ con Putin, la habitual propuesta de sus antecesores para conducir a buen término la relación con Rusia. Al contrario, defendió que no pasaría una a Putin y actuaría frente a sus agresiones: campañas de ciberataques –como la que sufrió en 2020 la compañía de software SolarWinds–, el intervencionismo en el este de Ucrania o las supuestas recompensas por la muerte de soldados estadounidenses en Afganistán.

Washington y Moscú se han golpeado de forma mutua con sanciones en los primeros meses del año, un caldo de cultivo que no parece ideal para la cumbre que Biden y Putin podría celebrar este verano. A pesar de la agresividad mostrada, el presidente de EE.UU. ha propuesto el encuentro como una forma de marcar la relación.

La cita entre Blinken y Lavrov es un anticipo de esa cumbre, y es uno de los asuntos de los que hablaron ambos altos cargos. El tono fue correcto, casi amistoso, iniciado entre sonrisas y un saludo con el codo. De cara al público mantuvieron una mezcla de firmeza y apertura a la cooperación. Coincidieron en que tienen «diferencias serias» pero que comparten «esferas en las que nuestros intereses coinciden», apuntó Lavrov.

De la amenaza al diálogo

Blinken recordó las palabras de Biden sobre Moscú: «Si Rusia actúa de forma agresiva contra nosotros, nuestros socios o aliados, responderemos», pero también reconoció «muchas áreas donde nuestros intereses se juntan».

EE.UU. engrasó la reunión con la noticia de que no sancionará a Nord Stream 2, la compañía alemana que lidera el gasoducto entre Rusia y Alemania, ni a su consejero delegado. Es un proyecto al que se opone con fuerza Washington por considerarlo un arma geoestratégica de Moscú. Pero también es un guiño a Alemania, socio clave de Washington en la Unión Europea, y que impulsa su construcción.

La canciller alemana, Angela Merkel, celebró que Biden «se ha movido un poco hacia nuestra posición». EE.UU. sí sancionará a ocho compañías y buques que participan en la construcción, pero está claro que esas medidas no evitarán que se finalice el proyecto.

En casa, los republicanos recibieron esa noticia como una señal de debilidad de Biden ante Putin. El senador Ted Cruz acusó al presidente de “recompensar” a Moscú con la bendición de un gaseoducto después de que los rusos ‘hackearan’ un oleoducto de EE.UU., en referencia a Colonial Pipeline. La infraestructura sufrió un ataque que dejó sin combustible durante días a buena parte del Este del país y fue ejecutado por un grupo criminal ruso, aunque no se ha determinado que tenga relación con el Kremlin u otro gobierno extranjero.

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