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martes, junio 28, 2022

«No soy ni un santo ni un criminal»

Rosalía SánchezSEGUIRCorresponsal en Berlín
Actualizado:03/12/2021 01:18h
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«Hoy se abre un nuevo capítulo de mi vida», declaró brevemente este jueves Sebastian Kurz en Viena, al anunciar que
renuncia a todos sus cargos y que deja la política. El excanciller de Austria y presidente del Partido Popular Austriaco (ÖVP), de 35 años, habló veladamente del nacimiento de su primer hijo el pasado fin de semana, al aludir a motivos personales, y mencionó también un «nuevo desafío profesional» sin aportar más detalles al respecto. Kurz volvió a rechazar las acusaciones que le llevaron a dimitir en octubre, pero se declaró «desgastado».

«No soy ni un santo ni un criminal, soy un ser humano con mis cualidades y debilidades», dijo en un mensaje con destino a la Fiscalía anticorrupción, que mantiene abierta una investigación por sospecha de falso testimonio en la Comisión Parlamentaria de Investigación del ‘caso Ibiza’ y por sospecha de abuso de confianza.

‘Compra’ de encuestas

Informes periodísticos apuntaron que Kurz y varios de sus colegas políticos promovieron su ascenso a la cima del Gobierno con ayuda del dinero de los contribuyentes, comprando espacios de publicidad a medios a cambio de publicar encuestas favorables. Una vez retirada la inmunidad parlamentaria, se dispone ahora a defenderse.

Su
sucesor como canciller es desde su dimisión el anterior ministro de Exteriores, Alexander Schallenberg. Hoy participará en su última reunión de la oficina federal, en la que propondrá al ministro de Interior, Karl Nehammer, como nuevo presidente del ÖVP, aunque la ministra Karoline Edtstadler también está en discusión.

Sus actuales socios de gobierno, Los Verdes, se enteraron ayer por los medios y algunos parlamentarios expresaron en redes sociales sus primeras reacciones. El socialdemócrata (SPÖ) Mario Lindner saludó «un buen día para Austria y el mundo» y añadió que «Kurz finalmente está haciendo lo correcto». Franz Schnabl, jefe de SPÖ en Baja Austria, lo ve así: «Una renuncia que se acerca a una admisión de culpabilidad».

Kurz sigue defendiendo su inocencia, aunque ayer reconoció: «Siempre lo he hecho lo mejor que podía, pero he tomado algunas decisiones equivocadas». Terminaría así la carrera pública de ensueño del apodado «niño prodigio de la política austriaca», aunque es muy posible que Kurz continúe brillando en el sector privado.

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