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martes, junio 28, 2022

Pedro Rodríguez: Apocalipsis aburrido

Pedro RodríguezSEGUIR
Actualizado:14/12/2021 01:55h
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Aunque no sabemos si tendremos que doblar la servilleta por el maldito coronavirus, las papeletas para apiolar de tedio ante la pandemia-de-nunca-acabar parecen multiplicarse entre ola y ola. Sin final epidemiológico a la vista, algunos psicólogos han empezado a hablar del ‘apocalipsis aburrido’ para explicar el hartazgo que supone vivir en una cansina espiral de riesgo. Con tantísima cancelación, la Covid supera con creces a la dictadura ‘woke’ de lo políticamente correctamente.

Y sin embargo, el mundo sigue moviéndose. Sin que falten crisis y aniversarios que recuerdan, por ejemplo, hasta qué punto se ha resquebrajado el orden mundial que Occidente empezó a construir hace ochenta años a partir del ataque japonés contra Pearl Harbor, forzando la entrada de Estados Unidos

 en la Segunda Guerra Mundial. Con el peligro de que entre tanto aburrimiento perdamos la capacidad de sorpresa requerida para evitar o, por lo menos anticipar, una catástrofe similar en el futuro.

El menú de desastres previsibles, que no deberían ignorarse, se encuentra encabezado por Ucrania, Taiwán y el programa nuclear de Irán. Un circo de tres pistas alimentado en buena parte por el descrédito internacional y la división doméstica de Estados Unidos, cortesía del nacional populismo. Hasta el general Mark Milley, jefe del Estado Mayor, ha advertido que el fiasco de retirada de Afganistán no debe interpretarse como un acto de debilidad o falta de voluntad para defender los intereses americanos.

Rusia está en posición de pitorrearse de la Administración Biden e invadir muy pronto Ucrania. China se afana por construir y exhibir una desafiante maquinaria bélica para apoderarse de Taiwán y, si fuera necesario, derrotar a Estados Unidos en una guerra abierta. Y mientras tanto, Irán –tras convertir al Líbano, Siria, partes de Irak, Gaza y Yemen en estados clientelares o satrapías blanqueadas– con tanto uranio enriquecido se acerca al umbral de potencia nuclear.

Llama la atención lo mucho en común entre Moscú, Beijing y Teherán. Los tres van de sobrados. Comparten la idea de que el autoritarismo iliberal es el futuro, despliegan mucha complacencia y generan muy poco aburrimiento.

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