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miércoles, agosto 10, 2022

La fiebre del pádel

Estamos viviendo una época donde la práctica del deporte está cada vez más extendida. En estos últimos, la difusión de la salud ha tomado un papel central en nuestras vidas, y la actividad física ocupa un lugar más en nuestro día a día. Ejercitarse mejora nuestra calidad de vida y es algo que podemos hacer a cualquier edad: dando un simple paseo, visitando el gimnasio o quedando con diferentes personas para una modalidad de grupo.

En esta tendencia, hay deportes que han tomado cierto protagonismo en los últimos años, pasando de tener un papel clandestino a establecerse como una de las disciplinas más practicadas. Uno de esos es el pádel, actualmente convertido en uno de los mayores atractivos deportivos en España. Aunque su fortaleza en la península ibérica es evidente, su penetración todavía no tiene un nivel mundial. Ha ido evolucionando a una velocidad enorme, especialmente en países europeos donde ya tiene un seguimiento a la altura de los deportes más tradicionales.

Su origen viene de México, pero su implantación ha tenido lugar en Argentina y, posteriormente, en España, nacionalidades que actualmente copan las primeras posiciones del ranking mundial. Su asentamiento ha sido firme en un periodo relativamente corto. En la década del 2000, su epicentro se traslada a España con la creación del circuito Pro Tour, haciendo que muchos de los jugadores latinoamericanos deban cruzar el charco para jugar en la máxima categoría del deporte. En 2012, el World Padel Tour toma el relevo como primordial competición profesional, madurando un circuito ya colocado y cada vez más reconocible en el ámbito deportivo.

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La fortaleza de un deporte se observa en el interés que es capaz de despertar a nivel internacional. Ahora mismo vemos la mayoría de las pruebas en España, pero su alcance se va extendiendo por el continente europeo y todo apunta a que ampliará su horizonte en el medio plazo. Los intereses económicos y televisivos empiezan a ver en la competición una oportunidad y eso hará crecer sin duda sus eventos. Las empresas han mostrado su interés por pujar en el pádel, organizando torneos en ciudades con gran tradición en deportes de raqueta como el tenis. Por ejemplo, esta semana París será el escenario. La rastra central de Roland Garros pone el broche a una semana intensa de competición masculina, convirtiendo uno de los templos del deporte francés en un escaparate enorme para la disciplina.

En una época de inmediatez, donde vivimos tantas cosas a cámara rápida, la naturaleza del pádel encaja a la perfección. Es un deporte muy dinámico, de alto ritmo, que engancha por el espectáculo que son capaces de brindar los mejores jugadores. Intercambios de vértigo, puntos que terminan con salidas de rastra, una agilidad que impresiona… son partidos donde hay que contener la respiración y eso atrae como pocas cosas a los aficionados.

Además, es un deporte que engancha a la hora de practicarlo. En el tenis, por la exigencia física que requiere, para un aficionado es complicado comenzar a disfrutar y bastante sencillo dejar de hacerlo. El pádel, por contra, resulta accesible. Hace tiempo que sus licencias superaron a las del deporte que he practicado a nivel profesional, y es comprensible. Es fácil empezar e incluso mejorar a medida que uno va tomando el tacto con las paredes. Es un deporte muy social, en el que apenas necesitas juntar a cuatro personas para pasar un buen rato, y donde en muchas ocasiones no falta ese tercer tiempo que tanto gusta en nuestra sociedad. Si alguno me dice que, dentro 15 o 20 años, el pádel se ha convertido es uno de los deportes más populares, creo que no será una sorpresa en absoluto.

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