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miércoles, agosto 10, 2022

Musetti desnaturaliza a Alcaraz en la final de Hamburgo

Musetti, durante la final del ATP 500 de Hamburgo ante Alcaraz.CATHRIN MUELLER (REUTERS)

No se pudo contener. Carlos Alcaraz levantó los brazos, se llevó la mano a la oreja y pidió más a la afición, ovación y empuje, un poco de justicia poética por lo que acababa de pasar. Resulta que sacaba Lorenzo Musetti para ganar el partido, la final del ATP 500 de Hamburgo. Y, con 15-0, replicó a una dejada del español después del segundo bote para luego ganar el parte desde la red. Carlitos -como le gusta que le llamen- protestó enérgicamente a la jueza de silla, que no validó el lamento al tiempo que el italiano se hizo el sueco, gesto muy poco deportivo porque sabía de sobras que no había llegado a tiempo. Artimaña que pareció sacar de quicio al español. Pero solo lo pareció porque salvó en ese juego dos bolas de partido -un error del italiano y un fenomenal passing-shot- y, ya en el tie-break, otras tres (iban 6-3 para el italiano) para ganar la segunda manga. Pero Musetti no se contrarió ni perdió el norte, sino que todavía exprimió un poco más su tenis, aprobado para llevarse el partido por 6-4, 6-7 (6) y 6-4. El primer laurel del italiano y una pequeña tara para Alcaraz, que perdió su primera final de las seis que había disputado hasta el momento en el circuito, pero que no le impedirá comenzar la semana que viene como el quinto del ranking ATP. “Te mereces el torneo, eres un trabajador increíble”, le reconoció Alcaraz al final del encuentro.

A Alcaraz se le atragantó de inicio y de mala manera el tenis de Musetti. Las bolas altas y con efecto que le llegaban desde el otro lado de la red, que le impedían generar velocidad en sus golpeos eléctricos, además de la tremenda fiabilidad del italiano con el primer servicio y la habilidad para cargarle sobre el revés o atacar las bolas a mitad de pista, llegaron a desnaturalizar al español. Tanto le daba a Musetti, que esa fuera su primera final, pues pronto advirtió que los nervios y los titubeos se habían quedado en el vestuario. “¡Come on!”, soltó a modo liberador tras romperle el servicio en el primer juego. Genialidad que repetiría después para ponerse 4-3 -Alcaraz le había devuelto la ruptura de inmediato-, para no desaprovechar la falta de consistencia que ofrecía el español, que torcía el gesto y levantaba los brazos de impotencia porque no encontraba una versión buena de su tenis.

Sus golpeos, siempre al límite y arriesgados, se iban largos o a la red, como si no hubiera término medio. Musetti, más comedido y sólido, se defendía con el servicio, saques de velocidades y efectos, con ángulos o potentes, sin apenas fallo. Eso y los restos profundos, también su facilidad para desdibujar el tenis del rival al hipotecar su ritmo y el intercambio de golpes variados, le daban la iniciativa, también el primer set.

Alcaraz, durante la final de Hamburgo ante Musetti.CATHRIN MUELLER (REUTERS)

Le animaba Juan Carlos Ferrero, su técnico, desde la grada, preocupado porque no le entraban los servicios y cometía más errores forzados de la cuenta, porque Musetti le hacía sentir que debía jugar un par de golpes más para ganar el parte. También porque le cargaba sobre el revés y no le entraban demasiado, empeñado en acabar los partes por la vía rápida. Hucha de tensión que le valió para perder de nuevo su servicio en el primer juego del segundo set. Y no dio su brazo a torcer Musetti, excepcional con el primer saque, fenomenal en la estrategia defensiva y tan explosivo como concluyente cuando tenía que atacar. Hasta que llegó la jugada polémica, el doble bote, y Alcaraz le explicó que el partido no se acaba hasta el último parte. Segundo set para él.

Ya con el viento a favor, reconfortado el español por su gallardía y tino en los momentos de pánico y desordenado el juego de Musetti y hasta la cabeza por las oportunidades desaprovechadas, Alcaraz recuperó su tenis. Ese de reveses planos y derechazos que abrían ángulos, ese agresivo de golpeos profundos, ese de dejaditas a ganar en primera o segunda instancia. Pero enfrente estaba Musetti, que fue de menos a más en la tercera manga, que olvidó lo sucedido y también elevó su tenis, afinado con el revés a una mano, el saque esquinado y el derechazo en exploración de las líneas. Tenis-arte. movimiento en grado superlativo. Y con 5-4, sacando Alcaraz, se ganó una nueva bola de partido. Fue la sexta. Y, finalmente, la definitiva.

Hace exactamente un año, Carlos Alcaraz era el 73 del mundo en el ranking ATP, un tenista nobel que empezaba a asomar la cabeza entre las raquetas de élite, esas a la que apuntaba Musetti porque por algo había sido el número uno júnior. Dos de los mejores exponentes de la nueva generación que llega – Félix Auger-Aliassime, Jannik Sinner, Sebastian Korda, incluso Juan Manuel Cerundolo o Brandon Nakashima-, que ya aprieta de lo lindo a la cacareada Next Gen -Daniil Medevedez, Alexander Zverev, Stefanos Tsitsipas, Andrey Rublev, Matteo Berrettini, Karen Kachanov-.

Hace un año, Carlitos era todavía desconocido para los que no fueran avezados en el deporte, un jugador por descorchar. Hace un año, el tenista de El Palmar jugó y ganó la final del ATP 250 de Umag (Croacia), su primer título entre los mayores. Laurel que le catapultó a una eclosión fulgurante porque este domingo Alcaraz explicó que un año le queda muy lejos, ya número cinco del mundo después que conquistar cinco títulos -de seis finales que ha jugado (Río Janeiro, Barcelona, Madrid y Miami). Esta semana, como cabeza de serie número uno, virará a Umag. Donde todo empezó y donde todo continúa. A pesar de Musetti, que se cuela entre los mejores 40.

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