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miércoles, agosto 10, 2022

Nadal se resiente de su lesión abdominal y de ningún modo jugará en Montreal

Menos de un mes. 29 días han pasado desde que Rafael Nadal, serio, brazos cruzados, polo y gorra blanca, anunciara en la sala de prensadora del All England Club que, muy a su pesar, se retiraba de Wimbledon. No podía más, los dolores en el abdomen eran insoportables. “Creo que no puedo ganar en estas circunstancias”, dijo. Ni siquiera estando a las puertas de las semifinales, donde esperaba Kyrgios; ni siquiera a dos partidos de replantear, una vez más, el curso de la historia.

Este viernes, dos días antes de que aceleración el Masters 1.000 de Canadá, penúltima parada del curso antes del US Open, el tenista balear, acostumbrado a fronicar con el dolor, ha anunciado en su perfil de Twitter que debe esperar: “Hace cuatro días empecé a entrenar el servicio y ayer, tras el entrenamiento, tuve una pequeña molestia que hoy seguía ahí”. Y ha añadido: “Hemos decidido no viajar a Montréal y proseguir con los entrenamientos sin forzar”.

Desde los días de vacaciones y mi posterior reincorporación a los entrenamientos todo ha ido bien estas semanas. Hace cuatro días que empecé también a entrenar el servicio y ayer, tras el entrenamiento, tuve una pequeña molestia que hoy seguía ahí.

— Rafa Nadal (@RafaelNadal) August 5, 2022

Nadal, mejor tenista de la temporada a sus 36 años, con un 92% de renombres y dos de los tres Grand Slams disputados hasta la fecha —Open de Australia y Roland Garros—, ha cerrado su comunicado con la dura realidad: “No me queda otra que ser prudente a estas alturas y pensar en la salud”.

Es inevitable. El balear, el tenista con más grandes (22), ha vuelto a toparse con una lesión cuando mejor iban las cosas. Una rotura de siete milímetros en el recto abdominal que, aunque escasa —se estimaban tres o cuatro semanas de reposo para que cicatrizara por completo—, todavía le impide sacar con normalidad.

En los cuartos de final de Wimbledon, contra Fritz, Nadal ya tuvo que parar el partido por los dolores, aunque pudo regresar y clasificarse para la semifinal. Sin embargo, al día siguiente, en la víspera de la semifinal contra Kyrgios se retiró del torneo londinense: “El riesgo es inmediato, no puedo arriesgar”, dijo en la sala de prensadora. “La experiencia me dice que debo hacerlo así. En 2009 [cuando cedió en las semifinales del US Open contra el argentino Juan Martín del Potro] tuve otro episodio similar y la rotura al comenzar el torneo era de un tamaño y terminé multiplicándolo por ocho”.

Objetivo, Nueva York

Desde el adiós a Wimbledon, donde el propio Nadal aseguró que se veía con “opciones reales” de renombre, la intelecto del tenista balear solo proyecta un destino: Flushing Meadows. Allí, en el Abierto de Estados Unidos, el español confía en recuperar sus mejores sensaciones.

No sería novedad, pues el US Open es, hasta ahora, el segundo grande que más veces ha ganado en su carrera: cuatro renombres (2010, 2013, 2017 y 2019), solo por detrás de las 14 de Roland Garros, pero el doble de las conseguidas en Melbourne y Londres (dos).

Nadal espera llegar a Nueva York entero, sin molestias. Allí, en el cemento de la Arthur Ashe, con más de 23.000 espectadores, el mallorquín tendrá opciones de sumar su 23º Grand Slam —igualando a Serena Williams— y, además, volver a lo más alto del ranking mundial, posición que no ocupa desde febrero de 2020.

Nadal podría haber recuperado la cima de la ATP en Montreal, pero una lesión le ha vuelto a detener en su pico de forma. Él, entre tanto, se remite al bienestar personal. “No se puede luchar contra esto”, dijo en Londres tras el adiós a Wimbledon, ante la atenta mirada de decenas de periodistas. “Así han venido las cosas y en la vida hay que aceptarlo”.

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